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Entender mejor la Independencia de México requiere una historia global: Alfredo Ávila Rueda

*** El historiador abrió el Primer Coloquio Internacional “Reflexiones sobre la Independencia de México”, con una videoconferencia sobre la postura de Juan O’Donojú en la firma del Tratado de Córdoba 

*** Esa visión panorámica, dijo, implica contemplar redes comerciales, intereses familiares, hechos contemporáneos en Sudamérica y la historia política europea

En la cuenta regresiva para conmemorar 200 años de la consumación de nuestra emancipación, el 28 de septiembre del 2021, es necesario dejar a un lado la visión centralista del relato y optar por una historia global, la cual abarque las redes comerciales, los intereses familiares, los hechos contemporáneos en Sudamérica y la historia política europea, instó el historiador Alfredo Ávila Rueda en el Primer Coloquio Internacional “Reflexiones sobre la Independencia de México”.

Con una videoconferencia dedicada a la postura de Juan O’Donojú —el último Jefe político superior de la Provincia de Nueva España— en la firma del Tratado de Córdoba, el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio inicio a la actividad académica, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del Museo Regional de Puebla (Murep).

En su ponencia, transmitida vía Zoom y en el perfil de Facebook del recinto poblano, el investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, sostuvo que aspectos de la historia de México, caso concreto del Tratado de Córdoba, no se explican solo por los acontecimientos en la decadente Nueva España, sino también por la presencia, en ese momento, de un gobierno liberal en España y los sucesos en los otros virreinatos americanos.

El acuerdo que alcanzarían Agustín de Iturbide y Juan O’Donojú en Córdoba, Veracruz, el 24 de agosto de 1821, no podría entenderse sin el antecedente del Tratado de Trujillo (Venezuela), que habían firmado, en noviembre de 1820, el general en jefe de las Fuerzas Armadas de España en Venezuela, Pablo Morillo, y Simón Bolívar, presidente de la República de Colombia (la Grande).

Al igual que Bolívar, Iturbide esperaba ser reconocido como jefe del ejército de una nación independiente, y no como el cabecilla de unos sublevados contra el gobierno español, indicó el doctor Alfredo Ávila en el webinario, realizado en consonancia con la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.

Enfatizó que la llegada O’Donojú al puerto de Veracruz, a principios de agosto de 1821, le cayó como “anillo al dedo” a Iturbide, ya que desde febrero de ese año, tras la proclama del Plan de Iguala, él había buscado una interlocución con el virrey Juan Ruiz de Apodaca, pidiendo el reconocimiento de la independencia mexicana.

 Sin embargo, cuando Juan Ruiz de Apodaca fue depuesto por la guarnición de españoles en Ciudad de México —acusado de no abatir a los rebeldes—, el plan de Iturbide se frustró, toda vez que Francisco Novella, nombrado virrey interino, representaba un gobierno ilegítimo y, por tanto, no era una autoridad reconocida con la que pudiera dialogar.

Explicó que dadas las pésimas condiciones en que se encontraba el puerto de Veracruz, sitiado por las tropas independentistas encabezadas por Antonio López de Santa Anna, Iturbide pidió a este trasladar a Juan O’Donojú a la Villa de Córdoba. Su primer encuentro, el 23 de agosto, fue más bien breve, y al día siguiente se sentaron a negociar el tratado. 

“En realidad esta negociación no existió. En sus memorias, el propio Iturbide señaló que O’Donojú no hizo ningún cambio, salvo por una concesión que terminaría beneficiando al primero. Cabe recordar que el Plan de Iguala indicaba que se traería como emperador a México, a Fernando VII o a algún miembro de otra dinastía reinante en Europa.

“Iturbide sabía que esto último no le iba a gustar mucho a O’Donojú.  Entonces, le sugirió que viniera algún descendiente de la casa real de España o, en su defecto, el Congreso mexicano se reuniría para nombrar a la persona que considerase conveniente. A la postre, esto le allanaría el camino a Agustín de Iturbide —una vez que Fernando VII rechazó el Tratado de Córdoba—, quien sería emperador de México, en 1822”, explicó Alfredo Ávila.

Por su parte, O’Donojú se comprometió a negociar con Novella, el comandante que tenía ocupada la Ciudad de México, y a conseguir su capitulación; asimismo, a alcanzar el punto 15 del tratado, concerniente al resguardo de las propiedades y los caudales de los españoles que no reconocieran el imperio mexicano, llevando consigo a sus familias y bienes.

Al respecto, Alfredo Ávila hizo la anotación de que Juan O’Donojú estaba casado con Josefa Sánchez Barriga, hija de Manuel Sánchez Barriga, uno de los empresarios más enriquecidos por el comercio trasatlántico, de suerte que estaba velando por los intereses de España y de la red empresarial a la cual pertenecía su familia. 

Este dato explicaría por qué O’Donojú dio la instrucción de mantener el navío “Asia” atracado en Veracruz durante tres meses; siendo posible que pactara con Antonio López de Santa Anna la entrega de dos millones 600 mil pesos fuertes de plata, que pertenecían a los comerciantes españoles del puerto y habían sido retenidos durante el sitio, para llevarlos a Cádiz.

El investigador también comentó que las primeras misivas de Juan O’Donojú con el gobernador de Veracruz, José Dávila, y el capitán del “Asia”, José Primo de Rivera, dejan ver que era consciente de la inexorable pérdida del territorio y que, bajo esas condiciones, debían conseguirse las ventajas posibles para España, cuyo gobierno liberal daba lugar a la autodeterminación de los pueblos. Tanto así, que los diputados americanos, liderados por Lucas Alamán, habían estado negociando en sus cortes, lo que terminó en una polémica.

“Poco después vendría la Independencia. El día después de la entrada del Ejército Trigarante en Ciudad de México, la Junta Provisional Gubernativa hizo la declaración. Como sabemos, en el acta está el nombre de Juan O’Donojú, pero no su firma; su delicado estado de salud le impidió acudir al acto, recién había cumplido 59 años, pero cargaba con la secuela de batallas y torturas. 

“Iturbide le envió una carta muy significativa, remitiéndole una copia del Acta de Independencia. En ese documento, le decía que quedaba libre de los puestos de capitán general y jefe político superior de la Provincia de Nueva España. En ese momento, 28 de septiembre de 1821, nació México como un Estado con gobierno propio, respaldado en el Tratado de Córdoba”, concluyó.